Cada noche brindo
un aplauso nuevo
a los trabajadores
sanitarios,
cada noche
en mi balcón me conmuevo
con los
gestos de la gente a diario.
Pero yo
también pido y me atrevo
a sugerir,
aunque sea arbitrario;
Un respeto, y
un aliento promuevo
al resto de
currantes y operarios.
Al cartero y
también al transportista,
al cantante,
al jefe, al frutero,
al poeta
ambulante y al taxista…
al político
y al gasolinero,
que unidos
vencemos, está a la vista,
porque vivir
vale más que el dinero.
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