Ya sé que no soy más que un pobre diablo,
que cuento mis parábolas sin trolas.
Mi duelo es cara a cara, sin pistolas,
en medio de un ultraje en el retablo.
No sé disimular las veces que hablo;
me acusan de ignorar la carambola
de ser sincero a lengua de escayola,
las hostias por soltar mas de un vocablo.
Me llevo desengaños y el disgusto
de no callarme más de una palabra.
Ser falso me parece una aprensión.
Al cínico le espera más de un susto
creyéndose su historia más macabra,
son signos del traidor en “su misión”.©

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