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domingo, 27 de noviembre de 2022

PRINCESA DE UN ADIÓS

 

Una luz inaugura la jornada,

la mañana se viste muy despacio,

y un portazo condena abandonada

la triste soledad de este palacio.

 

El tiempo se acostumbra a no perderse,

el cielo no existe sin tus maletas.

La clave del final es atenerse

cumpliendo viejas normas obsoletas.

 

La princesa, fregando la escalera…

y el príncipe leyendo pergaminos.

Y llorando se va la primavera

mezclando nuestra sangre con el vino.

 

Nació siendo mujer y guerrillera,

luchando con su instinto y su poder.

A veces, sorteando las barreras…

a veces, no se cansa de querer.

 

El amor fue un engaño del destino,

una trampa bañada en ilusión,

un beso en una sombra del camino,

el silencio después de un bofetón. 

 

Las lágrimas recorren su mejilla

y el viento le recuerda la verdad.

Una flor que se viste con mantilla

y una cura de maldita humildad.

 

Los años van pasando muy deprisa,

los hijos van creciendo sin temor.

La madre nunca guarda su sonrisa,

y olvida por momentos el dolor.

 

Las arrugas engañan al espejo,

el perfume es una fuente sin agua

que aconseja verdades sin complejos

y al príncipe le pierden las enaguas.

 

Una tarde, curando las heridas,

la mirada fue cubriendo su pena,

la vida malgastada y malherida,

la sangre volaba por sus venas.

 

Preparó con esmero un triste viaje,

con su sueño y su vestido de fiesta.

En la mano, ligera de equipaje,

una flor con pregunta y sin respuesta. 

 

Las palabras borraron los latidos

y un grito estruendoso le atenazaba.

La indolencia y el alcohol unidos,

y una mano cobarde, le bastaba.

 

La espada fue directa al corazón,

buscando arrancarle la libertad.

Un pañuelo manchado sin razón

sembraba las mentiras con verdad.

 

Y al final del camino, sombra y mar,

a pesar de la noche y el hastío.

Su pecado más fiel: saber amar

mezclando aquel calor con el frío.

 

La amenaza se volvió poesía

y el viaje, una eterna realidad.

Hay momentos de pasión y alegría

en la senda de la triste soledad.

 

El triste guiño de un ojo morado,

una historia que juega con la muerte.

Una pobre princesa del pasado…

ni una más y ni una menos, sin suerte.©


 

viernes, 26 de abril de 2019

ÁNGEL CON ALAS NEGRAS


(Homenaje al 20º aniversario de "19 dias y 500 noches)




Buscando el mes de abril, aquí me encuentro,
citándole por fin, en cada verso,
brindando por usted, gentil maestro;
dispongo de mi tiempo, y universo.

 Ahora que también lo niegas todo,
ahora que no vives tan deprisa,
ahora que recuerdas viejos lodos,
ahora que leemos tu sonrisa.

Torero de sonetos en las ventas,
templando esta canción; tus diecinueve,
mis días, corazón, y tus quinientas,
mis noches; viva rumba que conmueve.

 A Barbi dedicaste una canción
bajando al triste infierno por atajos.
Buscaste en Magdalena una pasión
brindando por la vida y su trabajo.

Dieguitos y Mafaldas, tu Argentina
de amores bien queridos, Bombonera
de vientos  mal curados, que adivinan
pasados de un futuro en tu chistera.

Cumplir cada momento más sin prisas,
restando y no sumando a cada año,
bailándole a la muerte sin camisa,
cantando al escenario, como antaño.

Celebro tus setenta primaveras
bebiendo tus sonetos “Quevedianos”,
tu rima y las verdades por bandera,
los versos más punzantes en mis manos.

  Al bar de mis pecados he querido
tomar mis tristes penas por vencidas,
dejándolas donde habita el olvido,
perdiendo como siempre la partida.

Audaz escultor de la madrugada,
cerrando por derribo mi soledad;
¡desnudas corazones, camarada,
que a veces se amedrantan con la edad!.

Y mientras Manolete cuadra al toro,
dibujas “Garcilasos” con templanza.
En estos simples ripios yo te imploro,
pues eres importante en mis andanzas.





Joaquín Palomar Parra
©