lunes, 9 de diciembre de 2019

AMIGO SABINERO GIJONÉS…


AMIGO SABINERO GIJONÉS…

Piezas coleccionables al alimón,
Dibujos deleznables en vitrina;
“que si éste cenicero es de Sabina,
Que si en éste peldaño, un tropezón”.

De libros no ha leído un renglón
Y escribe como puede; si termina
Enseña sus fotos y alucina,
Pues sólo le salva que es de Gijón.

“Muy pronto mi tesoro número mil”,
Y todos esperamos impacientes
El magno desembolso del pariente,

Que un llavero le trajo su pedigrí.
Se enfada si lo cierto le confieres,
Quien maltrata la verdad, mal se quiere.

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domingo, 8 de diciembre de 2019

INMACULADA DECEPCIÓN

Inmaculada decepción,
Puente a ningúna parte.
Muchas horas sin llamarte,
Sin escribirte esa canción.

Prometer la constitución
Sin jamás abandonarte.
Jurar por amor al arte
Que ya acaba esta función.

Son relíquias del desamor
Los libros abandonados,
Y no hay nada alrededor.

Los versos enmascarados
Son huerfanos de cantautor,
Y lloran desangelados.

domingo, 1 de diciembre de 2019

DOS ESPINELAS Y UN SONETO DE MEDIANOCHE


DOS  ESPINELAS  Y  UN  SONETO  DE  MEDIANOCHE

Tu luz al llegar la noche
despierta mis soledades,
mis mentiras y verdades,
mi desgana sin derroche,
sintiéndome cual fantoche
que clama su cobardía
al negar la osadía
de querer ir a buscarte,
de intentar enamorarte,
tú siendo noche y yo, día.
Al llegar la noche vienes
y apareces sin avisar,
por sorpresa y sin divisar
que se alejan esos trenes
del deseo en que me tienes,
y el dolor de quien te escucha
alejándome en la lucha
por tu amor y el abandono.
Tus miradas colecciono,
si supieras… ¡Tengo muchas!
 
Quisiera prolongar tu compañía
mas sé que es imposible consolarme,
tú sabes que es extraña mi alegría,
tú sabes, solo tú, lo que darme.

Te instalas en mi mente, melodía,
bailándole a la noche sin mirarme.
El sol cuando se esconde desconfía
del brillo de tus ojos al llamarme.

Que somos muy distintos es visible,
Yo el mar y tú la arena que acaricio,
Yo el viento y tú tan cerca en la distancia.

Me muestras un camino imprevisible,
Yo senda y tú las piernas de mi vicio.
La noche cuando llega es mi fragancia.



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sábado, 9 de noviembre de 2019

CANCIÓN DE LA VIEJA GUITARRA


Hoy he visto la luz del amanecer contigo,
Y he pensado que era la última vez que la miro,
Y he sentido tus manos y las mías temblando de frio,
Compartiendo mi suerte, mi corazón tan malherido.

Hoy te he visto volver al lugar del que nunca nos fuimos,
Y he temido volver a perderte en un beso perdido,
Y he sentido tu boca en la mía soñando un destino,
Abrazándote al alba, fingiendo que no hay olvido.

Las canciones que me hablaban de ti, ya no existen, cariño,
Se llevaron tu maldita sonrisa, tu bendita mirada,
Las canciones que me hablaban de ti, no las vuelvo a escribir,
Se llevaron mis dudas, la brisa, una triste mañana.

Guitarra…
que vuelas tan alto y no alcanzan palabras,
Me falta una cuerda y el verso que tanto esperaba,
Canción de trinchera, una triste pasión desolada,
Hoy te fuiste tan lejos, y me dejaste sin nada.



Hoy he visto la luz del amanecer a tu lado,
Y he pensado que era la última vez que bailamos,
Y he sentido mi mano en tu espalda y después he llorado,
Yo las ganas de verte, mi pecho en tu piel desbocado.

Y te he visto de nuevo volver donde siempre quisimos,
Y he temido volverte a perder en estrofas sin vidas,
Y he sentido feroz melodía en un vaso de vino,
Abrazándote al amanecer como siempre he querido.

Guitarra…
Que vuelas tan alto y no llega mi alma,
Te falta esta cuerda y el verso que escribo y juraba,
Canción primavera, triste corazón que tocabas,
Hoy te fuiste bien lejos, y sin ti no soy nada.

Guitarra…
que vuelas tan alto y no alcanzan palabras,
Me falta una cuerda y el verso que tanto esperaba,
Canción de trinchera, una triste pasión desolada,
Hoy te fuiste tan lejos, y me dejaste sin nada.

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miércoles, 2 de octubre de 2019

DE SAN MIGUEL A SAN FRANCISCO


DE  SAN  MIGUEL  A  SAN  FRANCISCO

La época estival da sus últimos coletazos, la vuelta al colegio es una realidad, y con ella, a la normalidad, a las prisas y a la rutina del día a día, del trabajo para aquellos afortunados, o de la formación y la búsqueda incansable de empleo para los que no lo han conseguido.

Sin embargo, a finales de septiembre el verano viene a concedernos una última oportunidad en forma de despedida, como si de un “hasta pronto” se tratara: el veranillo de San Miguel, le llaman. Y nombrar el arcángel por los cerros significa colorear en rojo estas fechas entrañables en las que abrimos un paréntesis hasta el día de San Francisco intentando dejar a un lado los problemas cotidianos para sonreír y disfrutar de nuestra feria, la de todos, la de los ubetenses.

En los días más festivos y fines de semana recibimos con agrado a nuestros amigos vecinos de las pedanías y pueblos cercanos ofrenciendoles nuestra hospitalidad, porque la alegría si no es compartida no tiene demasiado sentido.

Las entradas a las casetas recuerdan los portalillos de la Plaza de Andalucía, donde las conversaciones se entrelazaban y brotaban los saludos, cigarrillos encendidos, el joven que espera a su novia, el grupo de muchachas que ríen sin parar y no saben muy bien por qué, el niño distraído con los globos de colores que en forma abstracta flotan en el aire atados convenientemente a la muñeca izquierda de un payaso también distraído, y que devuelven la sonrisa de forma irónica a todo el que mira hacia arriba.

Los nombres de las cofradías desfilan por esta plaza como cualquier magna procesión general de Semana Santa. Desde Jesús Nazareno a La Caída, desde Las Lágrimas de aquella niña que pide  un globo de color a sus padres a La Humildad del migrante vendiendo camisetas de fútbol, del Borriquillo que no vendrá al recinto porque en su lugar escogieron a un caballo mestizo y gallardo a la Buena Muerte, como si hubiera alguna buena. De la caseta de las Angustias a la Oración del Huerto, no sabemos si Jesús tuvo esa misma sensación en aquel lugar; del Prendimiento a la Sentencia perpetua de un largo abrazo entre amigos; del Santo Entierro a La Expiración de aquellos que creen en algo más; de la Virgen de Gracia a La Columna, donde aquel chico ve por fin llegar a su novia.


La caseta de la Música me hace recordar la Plaza 1º de Mayo o también conocida como Paseo del Mercado, donde se halla el conservatorio y donde tiempo ha, durante los días festivos, una magnífica banda orquestal hacia las delicias de los vecinos en un tiempo ya pasado, no sabemos si peor o mejor.

Las tómbolas y los bares recrean un ambiente de distracción y diversión mezclada en la ilusión de una carambola, de un acierto sin cartas marcadas, de un maldito número en la bola que nunca aparece, del fallo en el objetivo con una escopeta de mira desviada... como la vida misma, nos hacemos ilusiones y planeamos proyectos que no sabremos si podremos alcanzar, esperando esa pizca de suerte que nos ayude, la fortuna que siempre nos faltó.

Para olvidar la mala racha probamos con unos vasitos de vino y bailamos al son de las bulerías y las sevillanas. Sabemos que ahí hay premio seguro; la sonrisa de tu pareja y sus besos, el saludo del amigo y evadirte de esa realidad que de vez en cuando nos atosiga.

Al fondo de la principal calle ferial nos aguardan chillones, relucientes y brillantes, los llamados “coches locos” (así los denominaba en mi tiempo), o “coches de choque”, y por mi mente empiezan a desfilar de nuevo en procesión, esta vez cofradías no, pero sí los interminables atascos en horas puntas a la salida del trabajo, provenientes de los diferentes polígonos industriales, por la Avenida de Linares, por la calle de la Torrenueva, por la Avenida de Cristobal Cantero, Ramón y Cajal o la Avenida de la Libertad hasta el punto neurálgico y el cauce por donde la mayoría de nosotros accedemos al corazón de nuestra renacentista ciudad, la calle Trinidad.

En esos alrededores y envuelto en un mar de luces de colores, de atronadoras músicas y de gente que apenas conoces, de repente te ves rodeado de gigantescos montajes ancestrales y enormes construcciones que levantan desde el suelo y hacia el cielo variopintas naves de diversas tonalidades y luminosidad. No consigo esquivar el paralelismo existente al acordarme que cuando dejo calle Trinidad y termino de recorrer extasiado, como tratando de atravesar el tiempo, calle Real, también acabo, al terminar el día, rodeado de magnos palacios y pintorescas construcciones renacentistas cubiertas de historia, con luces y sombras, con sonidos que solo tú eres capaz de percibir, como el del agua cayendo en la fuente veneciana enfrente de la Capilla de El Salvador, las campanas en la espadaña de la Iglesia de Santa María de los Reales Alcázares o el Palacio de las Cadenas.

Algunos de esos muchachos sienten vértigo al subirse a esos curiosos “carruseles”, que provocan el vuelo y las vueltas en el aire hasta hacer que te olvides de todo. En los miradores de San Lorenzo y los de la ronda sur, muchos sentimos también vértigo y experimentamos un vuelo parecido donde las emociones y los sentimientos dan vueltas en nuestra cabeza y en el aire, con la diferencia de que no te olvidas de nada y que solo dura un instante; el que te permite respirar hondo, pensar en los tuyos y querer como nunca has querido a esta ciudad.

Es la hora de irse, se hace tarde y mañana hay que madrugar. Vuelves por la calle principal y ves a esa niña que pide un nuevo globo de colores a su madre porque el que tenía ha volado. El payaso sigue distraído. La pareja de novios discuten en Tinta Fina, y los más golosos intentan terminar la jornada de la manera más festiva: con churros y chocolate.

De San Miguel a San Francisco yo me quedo en nuestra ciudad e invito a todo el que me lea a que intente perderse por los cerros, porque somos muy afortunados de vivir en este magnífico lugar; piérdanse por nuestras calles, nuestros museos, nuestras plazas… por nuestras casetas, por nuestras tómbolas, por nuestros bares. Yo intentaré encontrarles en nuestra Feria, la Feria de todos y para todos.

                                                                    JOAQUÍN PALOMAR PARRA. ©