domingo, 25 de marzo de 2018

PEOR PARA EL SOL



PEOR PARA EL SOL


Siempre hemos dicho que si hay algún artista de la canción que es capaz de retratar en un tema, en unas estrofas y en una melodía, una historia de amor y/o desamor entre dos personas, es Joaquín Sabina. “Peor para el sol”, es una de esas novelas dentro de la música, que incluso proponiéndonos varias interpretaciones, acompaña el drama más romántico del ambiente nocturno, del amante pirata, del exceso y de la pasión.
Sobre la melodía, mi amigo Cecilio me cuenta, que la considera una de las más bonitas y elegantes que han compuesto Joaquín, Pancho y Antonio, digna de la mejor canción francesa y de las mejores de McCartney, perfecta para el repertorio de un crooner.
Peor para el sol” nos relata con un carácter narrativo un encuentro casual y fortuito entre dos soledades, cada una con sus propios problemas y ocupaciones, pero ávidas de emoción.
El lugar que recrea el artista es un bar en un entorno trasnochador y si me apuran, con un fondo jazzístico y de blues.
Comienza con un diálogo directo y provocador, como no podía ser de otra manera:
¿Qué adelantas sabiendo mi nombre?
Cada noche tengo uno distinto,
Y siguiendo la voz del instinto
Me lanzo a buscar
Imagino, preciosa, que un hombre...
Algo más, un amante discreto
Que se atreva a perderme el respeto
¿No quieres probar?

Es el primer encuentro de la pareja, sin duda erótico y directo. Ella interviene desde el primer verso, sin ambigüedades pero a la vez, despertando incertidumbre. Conforme se va escuchando y sintiendo la canción, vamos adivinando que ha habido más conversación, preguntas con o sin respuesta, pero envueltos en la seducción y la incitación al juego que propone nuestra protagonista.

Vivo justo detrás de la esquina...
No me acuerdo si tengo marido...
Si me quitas con arte el vestido,
Te invito a champan.
Le solté al barman mil de propina,
Apuré la cerveza de un sorbo,
Acertó el que “el templo del morbo”
Le puso a este bar.

Sabina expone de manera explícita  y entusiasta la situación cambiando el emplazamiento. Accede a la invitación de la dama con sutileza sin dejar que el nivel impulsivo y ardiente se atenúe.

Al llegar al portal nos buscamos
Como dos estudiantes en celo…
Un piso antes del séptimo cielo,
Se abrió el ascensor…
Nos sirvió para el último gramo
El cristal de su foto de boda.
No faltó ni el desfile de moda
De ropa interior.

La letra acoplada al ritmo y la melodía de la canción, con unas rimas exquisitas y un tacto sublime, hacen de este tema, uno de los éxitos mas reconocidos del maestro, y sin duda de la canción de autor en su historia.

La trama llega a ser algo fugaz, tórrida e intensa, como suelen ser los amores, “eternos mientras duran”, poética y sugerente; fugitiva como el recuerdo y la huella que deja.

En mi casa no hay nada prohibido…
Pero no vayas a enamorarte…
Con el alba tendrás que marcharte
Para no volver.
Olvidando que me has conocido,
Que una vez estuviste en mi cama,
Hay caprichos de amor que una dama
No debe tener.

Despacio se va entrando en una escena donde aparece la cruel realidad y la nostalgia. La audacia, el atrevimiento, la reflexión y la irreverencia se dan cita en unos versos magistrales para darle un final difícil de explicar, pero que nos provoca un éxtasis estético envuelto en la palabra y la música.

Es mejor, le pedí­, que te calles…
No me gusta invertir en quimeras,
Me han traí­do hasta aquí­ tus caderas,
No tu corazón.
Y después, para qué más detalles,
Ya sabéis, copas, risas, excesos…
Como van a caber tantos besos
En una canción.

Concluye de manera sobrecogedora y enigmática. Vuelve a lugar del origen, al principio del cuento de la cenicienta, donde se encuentra con una vieja conocida: la soledad. La noche, la barra del viejo bar, y el canalla derrotado, rendido y enamorado.

Volví­ al bar a la noche siguiente
A brindar con su silla vací­a.
Me pedí­ una cerveza bien frí­a
Y entonces no sé…
Si soñé o era suya la ardiente
Voz que me iba diciendo al oí­do…
Me morí­a de ganas, querido,
De verte otra vez.

El estribillo es una autentica obra de arte. Mezcla la retórica y la metáfora donde personifica a la luna con la mujer y se mofa del sol, declarándose con toda la intención, un poeta vividor y mujeriego, un trovador de la noche, momento propicio donde acontecen estas historias de amor.

Peor para el sol,
Que se mete a las siete en la cuna
Del mar a roncar.
Mientras un servidor,
Le levanta la falda a la luna…

Utiliza en la letra algunos recursos poéticos como el hipérbaton; es decir, cambia el orden lógico de los versos, para dar más belleza y empaque al poema. He aquí algunos ejemplos:
nos sirvió para el ultimo gramo / el cristal de su foto de boda”, “siguiendo la voz del instinto / me lanzo a buscar”, o “un piso antes del séptimo cielo / se abrió el ascensor”.

Los autores de esta magnífica canción son Antonio García de Diego, Jose Nodar, Panco Varona y Joaquín Sabina. Pertenece al álbum editado en 1.992 y llamado “Física y Química”.

Hace ya cinco años, el colectivo y asociación ubetense “Peor para el Sol” tomó prestado el nombre de la canción para denominar a este brillante grupo de trabajo en el que la cultura, en forma de conciertos, exposiciones y tertulias literarias, se manifiesta en nuestra ciudad. No solo anualmente, allá por septiembre, cuando se celebran las jornadas “Sabina por Aquí”, sino a lo largo de todo el año, organizando un ciclo de actuaciones acústicas de variados artistas y jóvenes promesas de la canción de autor. El lugar, la Iglesia de San Lorenzo.

Y desde aquí, desde este balcón o púlpito que se me dispone gracias a la revista “Cucha”, os invito a que visitéis y disfrutéis de las actividades que con tanto entusiasmo preparan y trabajan día a día en este colectivo, y con la colaboración indispensable de la Fundación Huerta de San Antonio.

Caminando a San Lorenzo
Me dispongo como loco.
A veces me cuesta un poco
Dibujarlo sobre lienzo.
Pero de nuevo comienzo
A proclamar mi poesía.
Es para mí gran alegría
Trabajar en colectivo,
Me siento aún más vivo
Sabina, mi filosofía.

JOAQUÍN PALOMAR.
©












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