domingo, 25 de marzo de 2018

SABINA POETA


SABINA POETA.
Para empezar a hablar de la poesía de Sabina habría que remontarse en sus comienzos y en su primer contacto con éste género, que sin duda lo tuvo en su padre. Jerónimo Martínez Gallego era muy aficionado a los poemas y Joaquín considera una herencia esta forma de escribir y su amor a los versos. Se dice que la correspondencia entre ellos se hacía de esta manera.
Ya cursando sus estudios universitarios en Granada conocerá a Pablo del Águila, que a priori, será sin duda un referente en su evolución poética. Muchos nombres han formado parte e inspiración en la obra de Sabina, tanto en sus versos, o como ya luego, plasmados en sus canciones. Pablo Neruda, César Vallejo, Julio Miranda, Antonio Machado, Rafael Alberti, Ángel González, Fray Luis de León, Manrique….
En aquella época colabora en revistas culturales como “Poesía 70” o “Tragaluz”, junto a Luis Eduardo Aute y Carlos Cano entre otros.
En su primer disco, los poemas de Machado y Neruda cobran una gran importancia. Realiza una adaptación de algunos de estas obras con letra y música propia de una manera magnífica. Por ejemplo, “Mi generación” es una letra de una canción que luego publicó con otro nombre, y que estaría incluida en la que ya, en 1976 sería su primera obra poética: “Memorias en el exilio”..
Alguno de los versos de este libro donde resume magistralmente la labor de escribir;

Sentarse en una mesa
Coger papel y pluma
Encender un cigarro
Elegir al azar un libro del estante
Acariciar con indolencia el lomo
Recostar cuidadosamente la mejilla
En el dorso de la mano
El codo en el tablero
En actitud pensante
Cagarse en las palabras
Poner algo de Mozart a ver si echa una mano
Recordar un domingo con sol tras los visillos
Decir tres veces mierda
Levantarse con furia
Bajar las escaleras
Abrir la puertecilla del retrete
Arrojar el papel hecho una bola
Tratar de mear dentro
Como exige el letrero en tres idiomas
Decir amén Jesús
Abotonarse.

¿Pero cuál sería el papel del maestro Sabina? ¿Poeta? ¿Cantante? ¿Contador de historias en versos? ¿Letras y música? Joaquín sabe como nadie mezclar el lenguaje callejero con las más sutiles y delicadas palabras para crear poemas con un gusto exquisito. Muy estricto en las reglas, (cuida meticulosamente la rima, el ritmo, los endecasílabos), es capaz de reflejar una historia dramática en unos pocos cuartetos. Tiene ese “don” y esa facilidad para transmitir y comunicar con belleza y armonía. La poesía dice demasiado en muy poco espacio de tiempo, y en eso, Sabina es todo un especialista.
Sin embargo, reconoce el alguna ocasión que no es el tipo de escritor que ante un folio en blanco comience a escribir sin más, sino que necesita de algún modo, una historia, un momento o una inspiración que le haga llegar al objetivo de plasmar en versos sus nuevas ideas.
Publica varios libros, como “De lo contado y sus márgenes” (1986), “Con buena letra” (2002)… Pero es “Ciento volando de catorce” (2001) su obra cumbre. Un libro de sonetos en el que ensalza el humor canalla, cita poetas, amigos, artistas, maldiciendo y bendiciendo épocas pasadas y presentes. También utiliza el soneto como vehículo hacia la verdad y el amor, no sin renegar y admitir realidades amargas y situaciones grotescas.
Muchos de estos sonetos se convirtieron en canciones. De hecho, no hace mucho tiempo, se publicó uno de los mejores discos sobre la canción de autor editado hasta ahora. “14 ciento volando de 14”, de su buen amigo Pedro Guerra. En este disco colaboran, además del propio Pedro y Joaquín, Enrique Bunbury, Víctor Manuel y Ana Belén, Estrella y Soleá Morente, Fito Cabrales, Amparo Sánchez, Aute, Silvio Rodríguez, Serrat, y tantos otros.
Y como muestra, “un botón”. Un magnífico soneto con el que Joaquín expresa lo que para él es escribir poesía, manifestarse en verso y sacar lo mejor de sí mismo ante un folio en blanco;

Un soneto me exige este cuaderno
Que mancille su blanco sobrehumano,
Pobre de mí rimando con invierno
Porque no sé rimar con el verano.
El caso es que me excita el ten con ten
De las páginas vírgenes de tinta,
De las metáforas que huelen bien,
Del andén de los trenes de mi quinta.
Con la sequía que resta por vivir
No es cosa de escribir por escribir
Alimentando sílabas vacías.
Se trata de beber sin vomitar

Se trata de crecer sin olvidar
Los por qué, los quizás, los todavía.
(Madrid, septiembre 2004)
Sus colaboraciones en revistas como “Interviú” (Esta boca es mía), o periódicos como “Público”, entonces en su edición de papel (El grito en el suelo), y ahora en “Info Libre”, en forma generalmente de cuartetos, dibujan y desmenuzan una actualidad social y política de una manera locuaz, íntima, y sin abandonar su habitual sarcasmo y humor.
Y para terminar este artículo, me he permitido el lujo y el atrevimiento de escribir unos versos dedicados al maestro y a mis amigos sabineros:

Al Sabina que canta, al poeta
Figura quijotesca y guapo bombín,
Al que su ciudad, digamos que por fín,
Le reconoce en su tierra, profeta.
Al flaco, que del drama a la fiesta
Sabe crear versos y hacerme feliz,
Por los cerros de tu gente, a que sí,
Ven por tu medalla, lúcela puesta.
Ni su amada Adela, ni el comisario,
Se libran juntitos de bailarte al son
“diecinueve días, tus inventarios”.
Entre Dylan y Cohen juegas tu rol,
Los peces de tu ciudad, tus acuarios,
Mis amigos, siempre, Peor para el Sol.

JOAQUÍN PALOMAR
©

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