domingo, 25 de marzo de 2018

PECES DE CIUDAD


Si existe una canción con una melodía y una letra especial que la hace única, versionada e interpretada por distintas voces y que emociona en cada verso con armonía y belleza, es “Peces de Ciudad”. Particularmente la incluyo entre las tres o cinco mejores canciones de toda la carrera artística del maestro.
El tema pertenece al decimotercer disco de su carrera musical “Dímelo en la calle” y publicado en 2002, aunque se compuso anteriormente para un disco de Ana Belén, y que llevaría el mismo nombre. La música es de Pancho Varona. Joaquín introdujo algunos cambios en la letra.
Poética y artística donde las haya, refleja en innumerables ocasiones distintos lugares y personajes. La primera escena nos lleva a una estación de tren en Paris.
“Se peinaba a lo garçon
la viajera que quiso enseñarme a besar en la Gare d’Austerlitz”
Posiblemente sea el lugar más adecuado para comenzar o terminar una historia de amor y desamor, “amarillo y fugaz como el sol del veranillo de San Martín”.
“Hay quien dice que fui yo
el primero en olvidar.
Cuando en un Si bemol de Jacques Brel
Dans le port Amsterdam”
Jacques Brel era un cantautor belga, famoso compositor de la famosa “Ne me quitte pas”. En “Dans le port Amsterdam” narraba las historias y penurias de unos marineros del puerto holandés.
La canción también es una crítica en toda regla al mundo en que vivimos. Lugares míticos como la estatua de la Libertad, oscurecida y eclipsada por los grandes petroleros, que no dejan reír ni volar. En este verso, nos trasladamos a Nueva York y hace referencia, como no, a uno de sus grandes mitos, Bob Dylan y su “Desolation Row”.
“Y en el coro de Babel
desafina un español.
No hay más ley que la ley del tesoro
en las minas del Rey Salomón”
Un español en la Estatua de la Libertad, monumento que regalaron los franceses a los Estados Unidos (recuerden el verso anterior y su comienzo parisino). Tengo que confesarles, que siempre que escucho este verso me viene a la cabeza “Un poeta en Nueva York” de Lorca.
El estribillo es una autentica genialidad. Desafiar el destino en el viaje de la vida sin esconder las cicatrices de su pasado. Y el intento de soñar y querer huir de este mundo cruel donde las mentiras triunfan y donde no somos más que pequeños peces en un océano inmenso obligados a aceptar la realidad de una batalla perdida de antemano.
“Y desafiando el oleaje
sin timón ni timonel,
por mis sueños va,
ligero de equipaje,
sobre un cascarón de nuez,
mi corazón de viaje.
Luciendo los tatuajes
de un pasado bucanero,
de un velero al abordaje,
de un no te quiero querer…”
La segunda parte de la canción comienza con una caricatura hacia ciertos conceptos idealizados en nuestra sociedad como el dinero (el dorado era un champú), la religión (unos brazos en cruz) e internet (el pecado una página web). Y prosigue reflejando un lugar, Macondo, en su primera versión y Comala, en su segunda. La primera es la ciudad donde se desarrolla la historia narrada por Gabriel Garcia Márquez en “Cien años de soledad”. Y la segunda es donde se narra una de las mejores novelas de la literatura mundialmente conocída con el nombre de Pedro Páramo y perteneciente a su autor Juan Rulfo, escritor mejicano y publicada en 1955.
En la parte final de este viaje nos encontramos cruzando el cielo de Madrid y como escena un aeropuerto; mucho mas frio y seco el escenario que aquel comienzo ilusionante y romantico de la estación de tren. La viajera que se peinaba a lo “garçon” ahora es una recién casada que ya no se acuerda de ti.
Sin duda el tema comienza esperanzador con una historia ilusionante y termina con desencanto, cual drama novelesco con triste final. Pero también pienso, que deja una puerta abierta a soñar que exista ese tipo de islas, donde los sabios se retiran, donde las mentiras no ganan juicios tan sumarios, donde nosotros, minúsculos peces de un océano llamado ciudad escapamos y rompemos el maldito cristal del acuario para no perder las agallas en un banco de morralla ni en una playa sin mar.
En resumen; es el relato del viaje de toda una vida, de las ilusiones y los desengaños, de los recuerdos acumulados y tatuados en nuestra piel, y de la realidad decepcionante que nos muestra este mundo.
En mi humilde opinión, esta canción es una obra maestra de la canción de autor y de la música española en general. Su autor, un ilustre ubetense, un génio y un autentico maestro: Joaquín Ramón Martinez Sabina.

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